sábado, 21 de junio de 2008

1000 clavitos


Orishas invade mi espacio vital llenándolo de energía y flow y mientras me secaba el pelo porque tengo que salir pitando a la despedida de solteros de Maica y Javi, me he dado cuenta de que mi pelo tiene su personalidad propia, las puntas salen hacia afuera aunque a mi me encantaría que se quedaran para dentro, dura éso 5 minutos y luego plim, mi pelo no entiende de normas o reglas, tiene flo u u u ! A los pocos días de nacer mi padre biológico me puso mi primer mote, mil clavitos, thousando paco (paco en filipino es clavo), y le dijo a mi madre que esta niña sólo podía ser tan rebelde como su pelo, y es que a los dos días de nacer mis pelitos de bebé no se mantenían pegados a mi cabecita sino que parecían 1000 clavitos, mil tallitos de vida hacia arriba, levantados, en pie. Quizás por eso mi madre se empeñó toda su vida en reprimir esa rebeldía natural de mi pelo y mía, y es que lo que no entendía mi madre es que no era rebeldía sino empeñamiento lo que hacía a esos pelos mantenerse erguidos y rectos, indomables ante cualquier peine, y así soy yo muchas veces, me acostumbré tanto a reprimir y contener mis emociones y sentimientos en función de los demás o de lo que se considera adecuado que me olvidé de que en el fondo desde mi nacimiento hay una parte de mí empeñada, cabezota, incombustible e indomable desde aquel momento en que mi padre me bautizó con mi primer mote. He descubierto a dios gracias, mas vale tarde que nunca, que no tengo que acatar ninguna norma a ciegas, la dejo sentir y si no reprime ni contiene nada de mí entonces me vale, como por ejemplo cruzar la calle con el semáforo en rojo, qué cuesta esperar? Nada, pues entonces espero! Pero en otras cosas me doy cuenta de que me he vuelto más relajada y me alegro, un poco más como mi pelo, no vale la pena reprimir la emoción porque va a salir por otro lado. Así que soy menos empeñada, excepto para aquellas cosas que se me meten entre cabeza y corazón que despiertan en mi a la pequeña mil clavitos que llevo dentro, a la cabezota que nunca dejé de ser y que siempre intenté reprimir. Hay una parte primitiva, salvaje, esencial en todos nosotros que a veces se pierde entre tanta máscara, entre el trabajo y el uniforme pero que cuando se recupera ayuda a bailar descalza en casa coronita fría en mano mientras ayer noche la música sonaba por los altavoces de miima (que es como llamo a mi iMac) mientras el sol desaparecía dando paso a la noche, a esa parte de mí que es natural como la vida misma, moviendo caderas, soltando. Ahhh! qué bueno es fluir sin juzgarse a una misma, y es que da una libertad darse cuenta de que mi peor juez soy yo misma, porque en cuanto entro en el juicio me rechina tanto que digo, uy voy a dejar de pensar y empezar a sentir, a fluir...

Un abrazo con flou, con golpe de caderas entre la tuya y la mía!