domingo, 27 de julio de 2008

¿cómo me preguntas éso?

Me gustan las tardes muertas de domingo en que nos sentamos al sofá, tú libro en mente y yo parapeteada desde las páginas de la revista que hago como que leo te miro, deseando tumbarme en tu pecho para echarme la siesta de rigor y es que nada como tu cuerpo de almohada, tan blando en el hueco entre tu pecho y la barriga. Cuando te percatas de mi estrategia me dices:
- ¿Qué haces?-
-Te miro-
-Me pone nervioso-
-Ah, que te da vergüenza- te comento mientras me acerco para tocarte con un dedo tu pecho que es diana
-Hace calor Paula- me replicas con una sonrisa en los labios que te delata, te encanta que me duerma encima tuyo mientras lees
-Anda no te hagas de rogar-te replico y pongo esos ojitos de los que te enamoraste y a los que no te puedes resistir.
Suspiras con ese aire entre enfadado pero en el fondo contento, subes los brazos, tus manos no sueltan el libro, me acurruco en el mullido hueco, te sonrío desde abajo con gusto y los ojos cerrados de la risa, te sonríes, bajas tus manos. Cierro los ojos y me dejo llevar por el vaiven de tu respiración. Fifi nuestra gata ante tanta demostración de ternura decide que también quiere su parte y se acurruca entre el hueco que dejas entre el sillón y tu cuerpo. Entre las dos te hemos colonizado.
-La que faltaba, si es que ni en casa puede uno estar tranquilo-dices y aunque tenga los ojos cerrados sé que te sonríes. Antes de dormir siento tu mano acariciando mi pelo, me echas un último vistazo y vuelves a tu lectura y aún me preguntas porqué me encantan las siestas de los domingos, pero cómo me preguntas éso?