miércoles, 16 de julio de 2008

Muñeca de papel

El cliente que me ha pagado hace unas horas no se da cuenta de que en la cama no soy más que una muñeca de papel recortada de un billete de cincuenta o de menos, depende del cambio que lleve suelto. No escucha como crujo entre sus abrazos, me desvisto, no lo hago si lo que quieren es algo rápido, sea la fantasía que sea no les doy más que el papel del billete con el que me compran. Puedo ser lasciva, tímida, indecisa, vulgar, dependiendo de lo que se me pida, gritar más o menos, fingir orgasmos mientras eyaculan en el interior de un preservativo, una es puta que no tonta e inconsciente, pero lo que nunca seré en esas camas de hotel o en esos coches aparcados es yo misma, ésa no se compra con dinero.
Y después mientras me fumo un último pitillo antes de despedirnos, sin un adios, a veces con un gracias nunca con un beso, no saben que cuando salgo de la habitación la muñeca que han poseido y comprado se desvanece tan rápido como sus billetes en mis bolsillos.