lunes, 14 de julio de 2008

Verano en la ciudad

Verano en la ciudad, frases en el messenger de otros que preparan sus vacaciones lejos del calor del asfalto derretido de las ciudades que dejan detrás, Valencia, Estocolmo, Madrid, dejan sus casas, una maleta y a tirar millas, un avión, un coche, kilómetros y un destino.
Y aquí en la ciudad los grillos entonan su canción melancólica, y entre violines de insectos, ronroneo de gato al sol, cafés fríos, el ordenador, sueños que se evaporan, corazón que va sellando cicatrices, de vez en cuando una tormenta veraniega, esta pequeña Charlie va pasando su verano en la ciudad.
Y mientras el aslfalto se derrite, Mónica nos brinda el oasis de su piscina comunitaria, los libros se consumen bajo los dedos ansiosos por beberse las letras, la inspiración aparece a ráfagas y más que nunca la libreta donde escribo los borradores se llena de frases inconexas que luego en otoño cuando las hojas caigan habrá que hilar. Me gustan los veranos en la ciudad aunque parezca mentira, porque son lentos, porque no puedo quejarme y la playa esta a dos pasos, porque las sandías se redondean hasta volverse comestibles y nos regalan su vientre acuoso lleno de pepitas negras, me gusta tomarme los helados mientras se derriten entre mis dedos, tomármelos a contrarreloj lo hace más emocionante.
Me gusta el sol en el puerto de Cartagena sentada en un banco eligiendo el barco que me llevaría de los que hay anclados en el muelle. Me gustan las tardes en Calblanque cuando los bañistas ya se recogen y yo llego para descalzarme y correr por esa playa que es toda mía cuando nadie más la quiere porque prefieren la alegría de las terrazas de La Manga o Cabo de Palos, y corro un rato y me siento en la arena húmeda para ver caer el sol y disfrutar de ese milagroso abrazo marino en que desaparece todas las noches.
Disfruto de esas tardes de domingo en que cuando el sol ya no es una bola de fuego me tumbo en el suelo del despacho con Kumo a mi lado mientras suena música en el ordenador para refrescarme el alma.
Me quejo a veces de trabajar en verano pero también tiene sus ventajas quedarse en la ciudad cuando todos la abandonan porque es entonces cuando ella te muestra su lado más especial, más desnudo y callado. En verano sólo en verano las ciudades vacías se convierten para los que tenemos que trabajar en aquello que realmente queremos que sean siempre y cuando les demos la oportunidad.
Un abrazo de tarde de verano, lenta, cálida, sencilla.