miércoles, 13 de agosto de 2008

Huida


Día de locura y estrés en la oficina pero también de risas compartidas, nos suele pasar a la rubia y a mí, da gusto trabajar con alguien que se ríe con el estrés en vez de enfadarse, la rubia con su nuevo corte de pelo, su título de Sra de Almagro recién adquirido, su risa incondicional, su manera de arrancarme sonrisas cantando canciones frikis como ella las llama, es mi rayito de sol en los caóticos días en que hasta ir al baño parece una perdida de tiempo.

Me voy mañana antes de la hora de cierre después de una reunión de presupuesto de departamento en la que tendremos que pelearnos por cada céntimo que se nos pueda dar, y todo tiene que estar listo antes de que me vaya, porque no pienso llevarme el móvil de la empresa eso lo tengo muy claro, tengo la cabeza tan saturada de números, cifras, reservas e emails que necesito desconectar un poco.

Soy rara la verdad, porque pensaba en un sitio al que huir y pensaba en la biblioteca del hospital, sus pasillos llenos de libros, ese inconfundible olor de emociones empapeladas y entintadas, esa frescura artificial del aire acondicionado en verano y rayos de sol cálidos entrando por las ventanas. Adoraba esa biblioteca, me encantaba pasearme por los pasillos sin rumbo fijo, sin tener ningún libro en la cabeza y dejar que ellos me llamaran a mí con sus títulos y sus sinopsis.

Hace ya un tiempo que anhelo un tesoro para mi biblioteca privada, el libro llamada Libraries de la fotógrafa alemana Candida Höfer, maravillosa compilación en imágenes de esos nidos de conocimiento. Ninguna de las imágenes tiene desperdicio y captan a la perfección ese ambiente único, especial, onírico, a caballo entre este mundo y la imaginación que es una buena biblioteca.

Si ahora mismo me preguntarais dónde me gustaría huir para alejarme de esta locura de día os contestaría sin lugar a dudas: a una biblioteca.


Un abrazo de ratoncillo de biblioteca, suave y lleno de vida a la vez.