viernes, 1 de agosto de 2008

pequeña gran superpotencia

Ayer en un chiringuito de Cala Reona, sentados en corro, yo y unos amigos hablábamos del mundo, de la globalización, de la pérdida del valor de las pequeñas cosas y me vinieron a la mente dos cosas:
La canción de Isamael Serrano basada en una frase de José Saramago: «Hoy en día existen dos grandes superpotencias en el mundo: una es Estados Unidos... la otra eres tú, la opinión pública».
Y otra frase, la entrada de hoy va de buenas frases, ésta de Teresa de Calcuta: "No podemos hacer grandes cosas, sólo pequeñas cosas con gran amor."
Y a qué venía ésto, ah sí la globalización, el problema de la globalización creo yo que es que nos hace menospreciar el valor del individuo sobre la gran masa, sería el mar mar si no estuviera compuesto de miles de gotas de agua? y sin embargo la única cosa que pueden hacer esas miles de gotas de agua es agruparse formando un mar.
Cuando veo el mundo, la sociedad en la que vivo, a veces me da miedo, veo tanta insensibilización por parte de todos nosotros, damos valor a las grandes cosas y restamos valor a las pequeñas minúsculas maravillas que ocurren diariamente a nuestro alrededor. Si pienso en que tengo que salvar el mundo me canso y tengo dos opciones seguir dormida, ajena a los giros del mundo, o puedo como creo que ya estoy haciendo ser diferente, probar caminos diferentes, como hizo aquella persona que instauró los microcréditos no sé si fue en algún sitio de la India, quizás sonreir en vez de enfadarse, dar las gracias y los buenos días, quizás dejar de malgastar mi tiempo en quejarme de lo que no tengo e invertirlo en disfrutar de lo que ya es mío, aprender que necesidad y deseo no es lo mismo, porque no es lo mismo pensar que necesito un coche que sentir que deseo un mini cooper! quizás cambiando la perspectiva de las cosas, de macro a micro, aprendiendo a utilizar el microscopio del corazón para saborear esas minúsculas cosas sea una paso en mi vida para darme cuenta de que aquí dentro en mi ser hay energía suficiente para mover una montaña, sólo hace falta creer y querer. Desde mi pequeño atolón en Cartagena esta Charlie sigue pensando que merece la pena arriesgarse, que un mundo mejor es posible desde el ahora, desde el presente.

Un abrazo de estrella que a pesar de su grandeza las vislumbramos pequeñas por la distancia.