martes, 26 de agosto de 2008

Renacimiento

Me encanta esa manera que tenéis los humanos de hablar de nosotros como si no estuviéramos aquí, como si no existiéramos y fuéramos sólo una fantasía más de vuestras atrofiadas mentes.
Existimos, podéis negarnos, atribuirnos falsos poderes pero por mucho que lo intentéis en el fondo de vuestras míseras y bellas almas sabéis, sentís, que somos reales.
Algunos de nosotros en un intento de acercarnos, de advertiros y establecer vínculos con vosotros doblegamos las leyes del silencio revelándoos secretos que debieran ser olvidados y de nada sirvió. Es horrible vuestra obstinación a creeros la única forma de vida inteligente en este universo, seguís empeñados a llevar voluntariamente una venda en los ojos porque no queréis ver que aquí fuera hay una realidad que desafía vuestro apacible, brutal y cuadriculado mundo.
Con el tiempo y créeme cuando te digo que he tenido de sobra para pensar, he aprendido que el anonimato al igual que las opciones proporciona libertad.
Somos lo que somos, no podemos más que aceptarlo y abrazar nuestros destinos y ya que estamos disfrutarlos. Y tómame la palabra cuando te digo que soy una experta en exprimir el jugo de la vida.
Ahhh, sólo de pensar en vuestro precioso tesoro líquido se me hace la boca agua, noto mis colmillos pugnando por rasgar mis encías, pero una dama como yo no pierde los papeles delante de un caballero tan fácilmente, aunque quizás ni yo soy una dama ni tu un caballero.
Shhh no me lo digas, tenemos toda la noche por delante para conocernos.
No me distraigas y déjame continuar con mi presentación, habrá tiempo para todo.
Algunos de los nuestros os adoran, sois como muñecos a los que coleccionar, con los que jugar sus partidas macabras y perversas, otros os desprecian y no os ven más que como a ganado por vuestra fragilidad y estupidez, por suerte para la raza humana existe una facción de nuestra polifacética familia que amamos el equilibrio y por tanto cuidamos de vosotros y de los pocos humanos que no temen descubrir qué se esconde detrás del velo de la medianoche.
Dime muchacho eres tú de los valientes.
Me gusta tu intento de ocultar las emociones detrás de una máscara inexpresiva, pero deja que te diga algo, de nada te sirve conmigo, he sido entrenada para leer en los humanos como en un libro abierto. Vuestro cuerpo, la piel que la rodea, su vello, las pupilas, el olor que deprende son para mí pistas para saber que ocultáis dentro de vuestras lindas cabecitas.
Pero basta no voy a revelarte todos los secretos de una vida en una noche.
Tu igenuidad me abruma, tanta inocencia e inteligencia a la vez detrás del brillo de esos ojos vivos.
Solo una chispa bastará para encender en ti la llama de la curiosidad, oh y yo tengo leña suficiente para mantener esa hoguera ardiendo, mucho, mucho tiempo.
La pregunta mi querido y paciente niño es si estás dispuesto a incendiar esta noche el templo de tu mente racional, tus creencias. ¿Estás dispuesto a descender al infierno conmigo pequeña mota de polvo?
No hace falta que abras esos preciosos labios tuyos, tu cuerpo, tu mirada, tu ser ya ha respondido por ti.
Ven acércate, no tengas miedo.
¿Estás pensando en si confiar en mí? No lo hagas, no pienses, en este nuevo mundo al que vas a renacer no puedes confiar en tu mente.
Oh acaso te he asustado con esta revelación, no era mi intención, pero recuerda que a partir de ahora te irá mejor si empiezas a confiar en tus tripas, en tu instinto porque esa parte animal, primitiva será tu salvación, esa parte que por acomodaros, por evolucionar como vosotros lo llamáis habéis reprimido entre tanta tela, asfalto y humo.
La mente futuro compañero de fatigas puede jugarte malas pasadas, engañarte, pero no así el cuerpo, si escuchas sus advertencias sabrás en quién puedes confiar y en quien no.
Mi pequeño pajarillo asustado, me sonroja la tesión de tu cuello, noto la vena cargada de vida, abultada detrás de tu piel, no puedo reprimir rozarla con la punta de mi lengua.
¿Me permites?
¿Te ha asustado mi cercanía?
La caricia de mi lengua no será nada comparado con el punzante placer del marfil de mis colmillos penetrando en tu yugular, la sensación de mis labios succionando tu vitae. No te preocupes cuando haya sorbido cada gota de ti y las haya hecho mías las devolveré a tu caparazón vacío y no habrá vuelta atrás, serás parte de nosotros, que no uno de nosotros y a partir de ahí una aventura sin garantías dará comienzo.
No cierres los ojos, yo no lo haré, ánclate en mi mirada porque será lo último que veas antes de descender a los infiernos para alcanzar el paraíso.
¿Sobrevivirás a este primer beso mío?
Esa pregunta sólo puede ser contestada de una forma y aunque tengo todo el tiempo del mundo dulce niño ya hemos perdido mucho esta noche.