miércoles, 27 de agosto de 2008

Soplando la paja de la vida

Día extraño, hoy me he encontrado un libro sobre el mate en la estantería, obviamente no es mío así que a la basura, ya no soy tan considerada como antes, la dulce e inocente niña que hay en mí sólo la guardo para ciertas personas, para mis amigos, para mi padre pero no para los que me causaron dolor, pena ninguna, cosas que gente dejó atrás que no son mías pues viento, sin rencores pero sin guardar duelo por cosas que nunca estuvieron destinadas a durar.
Así que he pensado que más cosas tengo por ahí de mi anterior relación, ah fotos en el facebook, pues nada a base de ratón las he borrado todas, por qué guardar cosas que no me traen más que nostalgia e inseguridad? En esta casa en este momento no hay cabida para telas de araña donde el polvo pueda quedarse atrapado para luego hacerme estornudar, así que puerta, que no borrón y cuenta nueva, he aprendido muchas cosas gracias a las bofetadas amorosas que yo misma me he dado, no fueron los momentos adecuados, ni yo estaba preparada para tener una relación, quizás, pero para qué malgastar energía en intentar imaginar que pudo ser cuando la vida llama a mi puerta. Atrás quedaron los días en que mi pareja era un ser incuestionablemente maravilloso, si he aprendido algo es que ellos no eran ni de lejos perfectos ni yo tan mala, perniciosa o inútil, acepto mi responsabilidad, mis errores y los abrazo para aprender de ellos pero me alejo de las estrategias tanto tiempo usadas para aprender y poner en práctica otras.
Ahora devuelvo las miradas, los tonteos, y me arriesgo porque de nada vale esperar a que caigan las cosas del cielo porque entonces sí me puedo esperar sentada.
Echo de menos quizás ya no a las personas sino tener a alguién a quien contarle las cosas, a quien sorprender, a quien conocer, a quien amar, en fin con quien compartir la vida pero desde la misma altura, los ojos del corazón mirando hacia fuera pero desde dentro, desde mí, si algo he aprendido es que el único lujo que no puedo permitirme es perderme a mí misma por preciosa que sea la playa que me ofrece el otro, yo primero, el mundo y mi pareja después, porque no puedo dar nada si estoy vacía y no puedo llenar el vacío si antes no descubro que existe.
Así que sin pensar mucho y sintiendo y conociéndome cada vez más sin miedo pero con valentía sigo creyendo que ahí fuera existe alguién para mí sólo que aún no nos hemos conocido.
Así que sí, soplando la paja de las viejas relaciones ya caducas vivo la vida con un corazón más ligero, más sano y más esperanzado.

Un abrazo con esperanza y viento en las velas