martes, 9 de septiembre de 2008

comer por el placer de comer


La distinción entre los animales y nosotros quizás no radique en la inteligencia sino en la capacidad de diferenciar ante una necesidad y un deseo. Algo tan imprescindible, cotidiano, necesario como comer puede convertirse cuando se hace por placer en una de las cosas más exquisitas de este mundo.
Y es que pocos placeres hay comparables para mi como comer por el deseo de comer.
Y al contrario que con otras cosas en la que sigo siendo una empanada, véase mis necesidades o sensaciones coporales, el disfrute alimentario es uno de mis sentidos más desarrollados, soy capaz de darme cuenta de lo que se me antoja en un abrir y cerrar de ojos, y a dios gracias suelen ser cosas fáciles de complacer.
Ese maravilloso momento de desenvolver la chocolatina en el interior del coche en marcha, llevármela a la boca y disfrutar, dejar que poco a poco el calor del hueco entre mi lengua y mi paladar derrita la cobertura de chocolate y las papilas entren en contacto con el toffee o el coco si es un Bounty, esa tempestad de sabores que se desata, que me hace respirar hondo para suspirar, y es que ésto si es una experiencia religiosa! Y nada de limpiarse los dedos con la servilleta, chupar los restos de una comida de los dedos supone en mi caso un placer infantil que de tan delicioso se me antoja casi pecaminoso, será que contacto con mi lado ancestral filipino, ya que en mi tierra madre una de las mejores formas de disfrutar la comida es comerlas con los dedos sobre una hoja de plátano, ohh qué delicia sólo de pensarlo.
Qué haría esta pequeña Charlie sin chocolate, sin azúcar, sin galletas, oohh y sin helado, y sin fruta, ahhh tantas pequeñas grandes cosas que sacian mi deseo de comer por placer.
Sí lo tengo claro pocas cosas hay comparables para mí como el placer de una buena comida, compartida, a solas, en casa, fuera, sea como sea, sea lo que sea, disfrutar del placer de comer.

Abrazos comestibles