martes, 2 de septiembre de 2008

otoño y luego invierno

Cada estación tiene sus cosas pero a veces las estaciones frías, cambiantes y pausadas como son el otoño y el invierno las haya infravalorado mucho en mi vida, aunque he de reconocer que siempre he sido una enomorada del invierno.
La cosa es que el invierno emocional, es duro, frío y ayuda tener amigos a los que arrimarse cuando la nieve cae fuera y el espíritu afloja, pero es necesario pasar el invierno para que llegue la primavera.
Hoy surfeando por este mar virtual que es internet en uno de los blogs por los que me paseo he encontrado una frase muy buena:
Y es que este blog no tiene desperdicio.
Pero a lo que iba, ahora llega el otoño con sus hojas cambiantes, con los colores cálidos, anunciando un invierno que se avecina. Y en el otoño de mi alma las hojas de los árboles caen en una sencilla, humilde sinfonía, cantabile como si cantaran, como si susurraran a mis oídos que todo este verano que ya acaba, que todo el invierno anterior ha merecido la pena, todo el dolor, toda la oscuridad de la ruptura de mi corazoncito, de la pérdida de la fe en mi misma, todo, tiene un sentido y un para qué, hay una preciosa canción de Semana Santa no recuerdo si de Brotes de Olivos o no sé quién del momento de Jesús en el huerto de los olivos, cuando no sabe si va a poder resistirse a la tentación, ese momento en que o se vuelve atrás y olvida todo o camina hacia delante:

Tierra firme te siento en mis pies descalzos
Luna llena testigo de mi llanto amargo
Esta noche tan solo yo y la luna y pienso
Que este caliz no puedo beberlo entero
Cómo arrecia este viento
Quiere empujarme a morir
No seré como hoja seca
Mi otoño será vivir

Pues ha llegado el otoño a mi vida, así que a vivirla, a escuchar el crujido de las hojas bajo mis zapatos, a sentir el viento frío rozando mis mejillas, ver los colores cambiantes, degustar las escondidas setas, olor el musgo y la tierra húmeda que me recuerdan, que me exhortan lo maravilloso que es vivir.

Un abrazo a caballo entre el sol de verano y la brisa de otoño