martes, 28 de octubre de 2008

Estaciones de paso

Otro de las cosas que escribí del otro espacio, estoy recopiando todos para que no se pierdan por si acaso, aunque guardo copias escritas, eso sí llenas de tachones en mi línea de todo lo que escribo. Espero que os guste.

Hasta que ella engatusó al viento para que propagase su risa no me di cuenta de que los gatos pueden articular mas sonidos aparte del miau y el ronroneo al que nos tienen acostumbrados.
No la oí llegar, quizás porque no es de esas mujeres que lleven tacones de vértigo para anunciar su llegada. Llevaba botas planas, forradas, imaginé yo de piel de borreguito para calentar esos deliciosos pies suaves y blandos como la piel de un melocotón que fantaseó mi mente que ella debía tener. Su risa, tintineo de cascabeles en la mañana no me sobresaltó, me giré para ver de que bendita boca provenía tanta brisa fresca en una mañana de invierno y entonces por primera vez entró ella en mi campo de visión.
Mi mirada se deleitó en impresionar cuidadosamente cada nimio detalle de su cuerpo en esa parte del cerebro donde se guardan en una cajita a salvo del paso del tiempo los recuerdos, las estampas, las fotografías de la realidad que nos son importantes.
Su voz traía consigo aires argentinos, no me extrañó descubrir que tenía los ojos del color del legui, una bebida típica argentina. Tenía una piel morena, brillante que invitaba a ser tocada, pero por sus andares felinos adivinabas que ese derecho solo le es reservado a aquellos afortunados a los que ella permite tal placer.
No es la suya una belleza explosiva que te deja sin aliento, todo lo contrario, es ese tipo de mujeres que fuerzan tu imaginación a explorar, a fantasear, a desentrañar un misterio, a probar que no es lo mismo ni mucho menos que incitarte a pecar. Si buscas la encarnación del deseo hecho mujer no lo encantrarás en ella.
Unos minutos nunca me han cundido tanto como aquellos que pasé junto a ella en el ascensor, durante ese breve instante en que compartimos las tripas de ese moderno invento que evita que tengamos que subir escaleras, intercambiamos nombres, miradas y números de teléfono.
-Te llamaré- conseguí decir antes de que las puertas se cerraran tras ella.
-Eso espero- contestó ella con una voz que a mi mas que humana se me antojó un ronroneo gatuno.
Después de mi primera noche con ella descubrí que realmente existen mujeres que nacen para ser libres, que no se pueden amar mas que desde la libertad. Intenta jurarle amor eterno y te sentirás como si hubieras mordido una almendra amarga porque sabes que es imposible que te estás mintiendo, no se puede encerrar al viento. Eternidad no es una palabra que una persona como ella pueda incluir en su vocabulario. Con ella todas las noches son la primera y la última porque a su lado, en sus brazos se siente la certeza de que el ahora es lo único que tienes.
Hace años que se marchó sin nuevas noticias, las cicatrices de su amor son como las de las garras de una gatita cuando juega con tu mano, por profundas que sean no son mortales y desaparecen de forma fácil sin hacer nada, en ese sentido su amor es muy limpio, las marcas no permanecen en el corazón mucho tiempo.
No la echo de menos, aprendí con ella que toda estación tiene su tiempo y que la primavera también se marcha para dejar paso a nuevas estaciones. De ella me quedó el recuerdo de una partida bien jugada, en que desde el principio las cartas estaban encima de la mesa y no guardamos ases en nuestras mangas. No hay regusto amargo ni agridulce cuando pienso en ella, todo lo contrario, un alivio de saber que no cargo con el delito de encadenar a la fierecilla salvaje que ella es.
¿Que para qué te cuento todo ésto sobre ella?
Quizas en parte para recordar, pero sobretodo para avisarte, presta atención y aguza los oidos, aunque cuando la oigas, mejor dicho la sientas llegar con sus andares felinos probablemente sea demasiado tarde y ella ya te haya enredado los ojos con los zarzillos de sus pestañas y serás irremediable y afortunadamente una víctima mas de la gata con botas. Entonces te acordarás de mi para decirme:
-Cuánta razón tenias amigo, ay cuánta...-