martes, 21 de octubre de 2008

La hora mágica

El sol es un pequeña pelota de luz amarillenta en el horizonte.
Daña a los ojos si conduces pero para los objetos es la hora mágica en que su toque todo lo transforma.
Los campos de trigo se yerguen orgullosos con sus iluminadas puntas doradas.
Las motas de polvo se afanan por flotar en el aire para parecer lucirénagas que sólo pueden ser avistadas por un ojo con gusto por los detalles.
La piel es un lienzo fluido que todo lo refleja, un estanque en el que mis dedos pintan siluetas imprevisibles sin ninguna razón mas que la de disfrutar de su tacto bajo mis yemas.
Y si tienes suerte, en la hora mágica en que la tarde y la noche se encuentran en la frontera del tiempo a veces en los bancos de niebla puedes ver bailar a las hadas.

Un abrazo de luz cálida.