martes, 28 de octubre de 2008

P de P A U S A


Esta es una de las cosas que escribí que me gusta mucho, una de mis favoritas, no es la mejor pero me gusta. Y hay foto que la acompaña para poneros en situación!



P de pausa
Grand central station NY.

Hora Punta.

Una sinfonía caótica pero milimetrada de zapatillas de deporte, tacones de aguja, zapatos, bailarinas, mochilas, bolsos, carteras, abrigos, gabardinas, chupas de cuero, camisas, camisetas, faldas, pantalones, el metro es una pasarela improvisada en la que miles de personas rápida y eficazmente conducen sus cuerpos por las entrañas de la gran estación, con cronometrada y medida pasión se dejan engullir por las tripas metalizadas de los vagones, se afanan en conseguir el puesto más cercano a la puerta para apearse velozmente a la falsa seguridad de un andén de cemento. Así con el tiempo en la mano y el corazón en la otra se puede sobrevivir en la jungla de asfalto de la gran manzana. Con la cabeza llena de esquemas, de horarios, de objetivos que cumplir, necesidades por cubrir, deseos por cumplir, hipotecas por pagar, ruido, ruido mental, ruido emocional, estrés, ruido. Cuentas atrás que nunca se detienen.

Una persona se detiene inesperadamente, tropiezos, la empujan, labios y ceños fruncidos en una queja muda al verse interrumpido el flujo de miles de hormigas que deben atrapar desesperadamente el metro que quizás en este mismo instante esté ya de camino hacia donde se dirigen, chasqueos de lengua, soplidos, o lo que es peor una total y absoluta indiferencia.

Al verla él relentiza su paso, saborea su imagen, la observa, pausadamente ella se ha detenido inconsciente al revuelo que su quietud ha provocado. Se deja bañar por el rayo de sol que entra por las cristaleras, cual mariposa se posa, callada, serena, brazos sobre el regazo, sonrisa placentera en los labios. Siente el calor de las tazas de cartón en su mano, agua con sabor a capuccino, con deliciosa crema que no disfrutará a menos que se tome su tiempo de quitar la parte superior del maravilloso envase de StarPucks. El silencio que de ella emana es un despertador que insistentemente le recuerda que hay un universo de sensaciones a explorar ahi fuera, fuera de la esfera del reloj en el que la mayoría de las horas vive.
Tiempo.
Ups, se ha embobado, el reloj no perdona, tic, tac, tic, tac, hay que seguir adelante.
Ella sonríe, hoy van a contrareloj porque han decidido darse el capricho de mirarse el uno al otro durante un instante en la cama, callados sin decir nada, todo ojos, todo alma a flor de piel sin prisa, sin tiempo. El desayuno siempre puede esperar, el amor se toma su tiempo, requiere su tiempo. El calor del sol le recuerda la calidez de sus cuerpos desnudos bajo la cama, simplemente se deja llevar por la placidez del instante.
Abre los ojos, en ese mágico instante en que le descubre de pie frente a ella con una taza de cartón en cada mano, en esa pausa, descubre que cuando uno se deja llevar la p de pausa se convierte, por un momento en paraiso. En ese segundo en que solo sus labios se rozan, ojos suavemente cerrados, justo en ese instante se para el mundo.
Pausa.
Paus
Pau
Pa
P