miércoles, 5 de noviembre de 2008

Un pequeño oasis


Ayer fui a clase de danza del vientre y salí, relajadita, encantada de la vida y es que mi nueva profe es más una mujer sabia de una tribu indioamericana que otra cosa. Uff qué gustito llegar a un sitio donde las cosas se viven con naturalidad, donde no hay prisa y sí mucho amor por lo que se hace. A ella no le importa terminar media hora más tarde, pasar más tiempo con nosotras y eso se agradece de verdad. Porque en esta sociedad en que todos tenemos prisa por llegar a los sitios, aprovechar el poco tiempo libre que me queda es un gustazo llegar a un sitio donde el reloj se queda fuera y las prisas no tienen cabida.
Es tanto amor el que pone esta mujer en enseñarnos y en bailar que la hace bella, verla bailar no es sólo un gusto para la vista sino para el alma porque desprende tanta ternura, tanta atención y detalle que me llena de paz. Es la diferencia entre artesanía y arte, el gusto por la labor bien hecha, el amor por cada obra que sale de las manos y en este caso por cada paso de baile que ejecuta con su cuerpo. Estoy tan contenta de haberme apuntado a clases de danza del vientre que suspiro de gustito.
Ah y además termina la clase con una relajación y un cuento. El de ayer precioso sobre un jefe indio que tenía tres hijos y tenía que escoger a un heredero. Les envía a escalar una montaña y a pesar de esforzarse al 100% todos regresan sin haberlo conseguido pero el padre se decanta por aquel que le contesta:
No he podido subir la montaña pero seguiré intentándolo porque ella ya ha alcanzado todo su tamaño pero yo aún estoy creciendo.
Bonito cuento que habla sobre las posibilidades infinitas contenidas en la persona.

Un abrazo en pleno crecimiento

1 comments:

Nae dijo...

Ese cuento me lo sabia yo con un explorador ingles :D