miércoles, 3 de diciembre de 2008

Despertando

Os dejo algo que escribí en mi blog anterior que me gustó mucho, espero que a vosotros también, a ver si escribo la continuación! Y os lo pongo en verde y negrita porque en su momento fue un texto muy importante para mí, un horizonte lleno de esperanza.

Una mujer sola corre en el bosque, huye de fantasmas que le persiguen, miedos que la atormentan, aún no ha roto la noche el pincel naranja del amanecer, tropieza, se cae. Sus rodillas, sus manos, golpean el suelo, la tierra resbaladiza y mojada por la lluvia la esperan. Intenta buscar dentro de ella algo y sólo contacta con la angustia del que huye, del que se sabe perdido. Cierra los ojos, respira, el aire entra por su nariz, invade sus pulmones, más abajo, el aire impregna su cuerpo, hunde los dedos en la tierra, imprime con los dedos surcos en sus mejillas, las gotas de lluvia las desdibujan convirtiéndolas en las lágrimas que a ella ya no le quedan. En el vacío de su pecho un instante de lucidez, la guerrera despierta para ocupar su sitio. La cabellera mojada serpentea por su cara, el cuerpo en postura de arraigamiento, los ojos cerrados, respira, el miedo, esa bestia oscura se acerca para robarle el corazón, sus garras se posan en su cuello, se deslizan acariciando su pecho. Entonces la guerrera se alza, se pone en pie y abre sus ojos al miedo, su única arma son sus ojos almendrados llenos de orgullo, sobrevivirá a esta batalla. El miedo es sólo una cortina de humo y con su mirada es capaz de ver más allá del frágil velo, el disfraz de la bestia se rasga dejando paso a una bola de dolor, ella extiende los brazos y la abraza.
Grita sintiendo como entra a formar parte de ella, ella es el dolor, todo lo invade, hasta que con una exhalación parte del dolor fluye al exterior con el aire viciado de los pulmones.
Enfrente de ella se abre un océano verde de hierba, a lo lejos divisa el mar, puede sentir su olor, le llama. No recuerda el camino al hogar, se siente perdida pero sabe que más allá del mar de hierba se halla su camino.
Trenza el viento en su pelo, se cubre la piel con el polvo de la tierra, acoge a la lluvia en cada poro y con el fuego del dolor aún palpitando en su pecho la guerrera se pone en camino.