sábado, 22 de mayo de 2010

Honestidad ese arte tan difícil de practicar


Qué difícil es ser honesto, ya no sólo con los demás sino conmigo misma.
Curioso no? a lo largo de los años he ido acumulando miles de tretas de autoengaño y sabotaje en mi contra para seguir manteniéndome en ese viejo yo caduco, que cuando cojo las tijeras de podar se echa a temblar no vaya ser que pierda el trono que tanto le ha costado ganar.
Y es que una misma es un jardín que hay que cuidar, con esmero, con paciencia y con disciplina porque sino crecen las hierbas altas, amarillentas ya del cálido sol pero que no dejan ver las pequeñas flores que ocultan a ras de suelo.
Y ese trabajo de rastrillar, determinar qué podar y qué dejar, que zonas permitir que permanezcan más salvajes y cuáles no requiere un grado alto de conexión de la necesidad de cada momento, sin juzgarla, sin filtrarla y sí, es imprescindible la honestidad. Porque habrá cosas que vea que no me gusten, que me irriten que sigan aún ahí, que me entristezcan pero al fin y al cabo cosas mías, tan necesarias como aquello que considero bello y bonito.
Y después del arduo y gozoso trabajo, con la fresca limonada en la mano, disfrutando de la brisa en el porche me doy cuenta de que para mantener el jardín cuidado, para que el jardín siga creciendo sin estancarse es aconsejable seguir practicando, cada día el arte de la honestidad, porque sólo familiarizándome cada vez más con mis hierbajos seré capaz de estar cada vez más conectada con la infinidad de combinaciones emocionales que soy, de que el jardín sea cada día un fiel reflejo de mi yo interno.

Un abrazo honesto

1 comments:

Sergio dijo...

No solo comparto tu opinión sino que en cierto modo me siento "víctima" de la honestidad. Ponerla en práctica supone en ocasiones un cierto "suicidio" personal, profesional, ... aunque al menos se duerme tranquilo por las noches (salvo por las consecuencias). Me quedo leyendo por aquí