domingo, 11 de abril de 2010

La pequeña colmena despierta


Me gustan las colmenas.
Las abejas no dudan en ningún momento de a qué colmena pertenecen, nacen sabiéndolo, sintiéndolo, resonando con ese zumbido que les mueve a vivir.
Es una gran analogía de una persona, si lo pienso soy una pequeña colmena en potencia.
Mis abejitas son mis emociones, mis pensamientos, mis impulsos y cuánto más los dejo actuar en sintonía unos con otros todo va mejor, en un baile a veces lento, a veces rápido pero siempre fluido.
Si dejo de separar mente, corazón e instinto me doy cuenta que la colmena es el todo y a la vez cada una de las partes que la componen.
Me gusta sentirme colmena, que todas y cada una de mis partes me pertenecen, sentir que así es y poco a poco me doy cuenta de que a la vez yo como colmena pertenezco también a una mayor, que soy parte de un universo que se mueve, que evoluciona, que fluye en el tiempo que no es nada sin nosotros al igual que nosotros no somos nada sin él.
Y hoy me quedo con esta sensación de ser y formar parte de algo maravilloso con sus belleza y su misería, aceptando el todo y el vacío que tan necesario es para seguir creando, siendo persona.
Un abrazo cálido como el del sol llamando a la puerta de la colmena para ponerla en movimiento.
Los cerezos están en flor aprovecharé la primavera para recoger polen.